Este pasado octubre tuve la increíble oportunidad de viajar a Frankfurt por trabajo. Y la primera pregunta que todo el mundo me hace es: “¿cómo terminaste trabajando en Alemania para una editorial de Corea?”. Mi respuesta es la misma que vengo repitiendo hace años: networking, hablar con la gente, dar la cara, HABLAR.
Remontémonos a abril de este año, cuando fui por primera vez a la Feria de Bolonia, en Italia. Fui como público, en compañía de mi querida Anyu, ilustradora. Cada una tenía su propio itinerario, ella se la pasó yendo a charlas y workshops de lo suyo, y yo de lo mío. Entre las muchas cosas que hice, además de mirar las bellezas de libros e inspirarme para crear cosas nuevas, fui a cuanto networking y charla que había. Me presenté, di mi tarjeta personal, conté qué hacía, conversé con otra gente freelance (autores, ilustradores, etc.).
Uno de los últimos días me llamó la atención el stand de Dalbitbooks, de Corea, donde el ilustrador de las cartas WANT (de las cuales les hablé en un video) estaba haciendo dibujos. La pregunta que te hacían para llamar tu atención: “¿qué es lo que realmente querés?”. Obvio me quedé, respondí, jugué, me hicieron un dibujito hermoso, y llevé las cartas conmigo a casa.





Nos adelantamos un par de meses a julio/agosto, cuando por primera vez me hago el tiempo para usar las cartas (recordemos que ni bien volví de ese viaje empezaba la Feria del Libro en La Rural, y bueno, volví a la rutina y el caos laboral). Si bien las cartas originalmente estaban hechas en coreano, incluía la traducción al inglés, que con mucha paciencia me puse a traducir al español para poder usarlas con más fluidez. Ahí me di cuenta de que algunas partes no terminaba de entenderlas, y le escribí a la editorial para preguntarles si podía hacerles algunas preguntas, explicando la situación. Se acordaban de mí, estaban encantadas de que lo estuviera traduciendo al español para poder usarlo, y me ofrecieron hacer una videollamada para aclarar todas mis dudas.
Además de agradecerles por responder cada pregunta que hice, les dije que me encantaba el producto y que sería genial si se tradujera al español, que en lo que pudiera ayudar me avisaran.
Ni una semana después, tenía un mail de otra persona de la organización preguntándome si podíamos reunirnos en la Feria de Frankfurt para conversar posibilidades de colaboración. Claro, nos conocimos en Bolonia, no era tan descabellado pensar que podía ir a Frankfurt, pero faltando solo dos meses para la Feria alemana, no tenía chances de hacer el viaje por mí misma. Así que fui sincera: “Me encantaría, pero no tengo el presupuesto para viajar en este momento. Con gusto vemos la manera de trabajar de otra forma”. Y entonces llegó la primera propuesta, la cual no me cerraba del todo. Después de mucho dudar y darle vueltas, les hice una contrapropuesta que me convencía más. ¿Y adivinen qué? Aceptaron. Les interesaba que fuera como agente/embajadora en español para entablar relaciones con editoriales y explorar la posibilidad de conseguir un contrato de traducción al español.
Un poco no lo podía creer (esto es lo que tiene ser freelance, un día te llega una propuesta totalmente inesperada de algo que ni te imaginabas que podías hacer), y otro poco miré hacia atrás y dije: “claro, mirá todo lo que hiciste para que esto fuera posible”.
La crónica completa de lo que viví en Alemania la dejo para otro día, que se merece un capítulo aparte, pero la moraleja que quiero que te lleves hoy es la que no me canso de repetir. Las cosas no pasan por suerte o casualidad, sino por todo lo que venimos plantando y cultivando meses y años antes. Hay que ir a eventos, hablar con la gente, dar tu contacto, tener canales de comunicación (el que quieras), MOSTRAR LO QUE HACÉS, siempre mostrar.
Ojo, no me malinterpretes, tengo completa consciencia de que no todo el mundo anda paseando por Bolonia, desde ya. Pero esto se aplica a cualquier evento, en cualquier cuidad y cualquier contexto. Muchos de mis contactos laborales en mis más de 10 años trabajando, los hice así. Yendo a presentaciones, eventos, jornadas profesionales y presentándome. “¿Te puedo dejar mi tarjeta? Soy editora freelance“. Y me llamaron, no una, sino varias veces. Algunos proyectos avanzan, otros no (¡la cantidad de casiproyectos que me gustaría contarles si pudiera!), pero el contacto queda, la gente te conoce, y poco a poco las cosas se dan.
Y entonces de pronto una editora coreana ve a una editora argentina en Italia y se pregunta 3 meses después si no será una buena idea llevarla a Alemania porque le gusta lo que ve y siente que pueden trabajar juntas. ¿No es una maravilla?







